Antonio Arroyo Gil: España, un Estado federal plurinacional

El posible reconocimiento en sede constitucional de otras identidades nacionales diferentes de la española en absoluto supondría poner en riesgo el fundamento mismo de la Constitución, la unidad del Estado y de la Nación española.

«El Estado autonómico español, aunque no se denomine federal, en realidad se inscribe en la órbita del federalismo, hasta el punto de poder considerarlo nuestra contribución a la historia de este movimiento político, que busca un modo de organizar el poder público de un Estado de manera descentralizada, procurando mejorar así la democracia interna mediante la división vertical del poder y la adecuada integración de las partes en el todo; ganando, además, con ello cotas de eficacia en la gestión de los asuntos públicos. Resumidamente, éstas son las ideas que se encuentran detrás de estados que constituyen, desde muchos puntos de vista, un referente positivo para nosotros, como son los casos de Estados Unidos (el primer Estado federal moderno de la historia), Alemania, Suiza, Austria o Canadá, por ejemplo.

Aunque todos estos estados son federales, las diferencias entre ellos son notables pues, como es lugar común entre los estudiosos del federalismo, no hay dos estados federales idénticos o, dicho de otro modo, cada uno lo es a su manera. Algo así sucede con el Estado autonómico español, que aun siendo un Estado equiparable a estos federales, como reconoce la mayor parte de los mejores expertos españoles e internacionales en federalismo, presenta, sin embargo, sus peculiaridades. Además, tanto uno como los otros no están exentos de ciertas insuficiencias, deficiencias o disfunciones en su organización y funcionamiento que, en lo posible, interesa corregir.

A tal efecto, resultan no sólo convenientes, sino también necesarias, determinadas reformas, preferiblemente constitucionales, con el fin de superar dichos problemas o carencias, ya sea en el plano competencial (para clarificar el reparto de funciones y materias entre el Estado central y las comunidades autónomas), en el institucional (para convertir al Senado en una genuina cámara de representación de los intereses autonómicos), en el financiero o en el cooperativo; buscando inspiración, a tal efecto, en las enseñanzas del federalismo comparado».

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