José Antonio Pérez Tapias: España, país nihilista (donde el fascismo asoma como contrarrevolución)

En España andamos deficitarios de proyectos nacionales con capacidad suficientemente reconocida y de carácter integrador en el modo en que habría de ser necesario.

Friedrich Nietzsche. Fuente: Wikicommons

«Decía Ortega, en frase citada con profusión, que “no sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”. Pues bien, si no sabemos lo que nos pasa es porque no nos da la gana, dado que tenemos recursos para averiguarlo. Y si no lo hacemos es por intereses no confesables que nos llevan a mantenernos en la indolencia intelectual y política que supone esa supuesta ignorancia que, en verdad, es culpable.

Aventuremos, aunque se considere una osadía, algún diagnóstico. Y ahora, en vez de llevar la contra a Ortega, sigámosle la corriente. Si dejó dicho que una nación es “un proyecto sugestivo de vida en común”, por ahí tenemos una pista para indagar en lo que colectivamente nos pasa: no tenemos proyecto compartido. No lo tenemos en España si ésta se piensa desde los parámetros conservadores de una nación identificada con un Estado centralista y unitario. La prueba evidente es que otros proyectos nacionales, que en determinadas comunidades son sugestivos, operan como apoyatura también para cuestionar que el proyecto de un nacionalismo español sea sugestivo y común a todos. Pero de rebote, como efecto boomerang, resulta que en las comunidades autónomas de nuestro Estado en las que se presenta un proyecto que puede jugar políticamente con ventaja por ofrecerse abiertamente como tal, aunque se quiera sugestivo, queda lejos de ser aceptado en modo suficiente como común. Euskadi, por ejemplo, viene de esa experiencia y Cataluña está ahora mismo en ella de manera dramática.

Sucede, por tanto, que en España andamos deficitarios de proyectos nacionales con capacidad suficientemente reconocida y de carácter integrador en el modo en que habría de ser necesario, tanto para mantener el Estado con proyección de futuro como para afirmar de manera consistente las pretensiones de nacionalismos contrapuestos al español, en especial las de independencia de otras comunidades nacionales en las que así se quiere, al menos por una parte relevante de su ciudadanía.

(…)

¡Ojo al nihilismo –podemos decir de nuevo emulando a Dostoievski! Es el nihilismo que el capitalismo produce mercantilizando todo, incluidos los humanos, al cual los individuos sucumben y las naciones no responden. Con los recursos de la tecnología digital puestos al servicio de una sociedad del espectáculo encaminada hacia derroteros indeseables, la maldición de los populismos puede ser una gran trampa cuando lo que necesitamos son ciudadanas y ciudadanos con conciencia republicana respecto a la libertad que han de compartir y ejercer, a la igualdad que han de lograr y a la justicia como meta erigida desde el sentido de lo común. Aplíquese todo ello a una España que debe ser solidaria, federalista, plurinacional e intercultural… y tendremos proyecto».

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