Ignacio Sánchez-Cuenca: Las arrugas de la Constitución: territorio y nación

Así como en la configuración del Estado la Constitución opera con un espíritu abierto y flexible, en la cuestión nacional las cosas son muy distintas.

Constitución española, Ribadavia, Galiza. Fotografía de Luis Miguel Bugallo Sánchez publicada en Wikimedia

«Desde hace ya más de veinte años, viene ahondándose una brecha cada vez mayor entre la opinión pública de las “nacionalidades” y la del resto de España. Las posiciones se han ido alejando. Fuera de las “nacionalidades”, las posturas favorables al modelo uninacional han ido ganando posiciones cada vez más hegemónicas en las élites españolas (élites administrativas, judiciales, políticas, económicas, intelectuales y periodísticas). En País Vasco y Cataluña, sin embargo, la reclamación de un reconocimiento nacional ha ganado grandes apoyos.

El conflicto nacional es en última instancia un conflicto en torno a la unidad del “demos” o pueblo. Estos conflictos difícilmente encuentran cauce en las constituciones, que parten del supuesto de que el “demos” está ya constituido. No obstante, podemos aspirar a tener una Constitución que no se convierta en un instrumento jurídico con el que bloquear soluciones políticas a las crisis de “demos”. Por ejemplo, consensuando una interpretación abierta que permita, en las condiciones que se acuerden, celebrar referéndums mediante los cuales pueda determinarse el grado de apoyo popular a una demanda de secesión. O abriéndose a una reforma federal en la que el plurinacionalismo sea el principio rector».

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