Joan Botella: La hora federal

La auténtica continuidad de nuestra historia ha sido la simultaneidad de dos corrientes aparentemente contradictorias: la aspiración al reconocimiento de la diversidad y, a la vez, la voluntad de cohesión.

Fotografía de Frederic Köberl publicada en Unsplash

«Todos los países del mundo se enfrentan hoy a un problema similar: ¿cómo hacer frente a problemas que desbordan su marco territorial? Cuando se habla del cambio climático, del peso de las redes sociales, de la globalización económica, de la crisis de las migraciones o del terrorismo internacional, resulta claro que el instrumental clásico de los estados –soberanía, banderas, ejército, lengua oficial…– es insuficiente para abordar estos retos.

El desbordamiento del Estado es hoy un hecho, que requiere cooperación y acuerdos, y no aislamiento y cierre. La presidencia de Trump o el Brexit son intentos a la desesperada de revertir el curso de las cosas y de retornar a situaciones de orgulloso aislamiento; pero británicos y americanos comprobarán pronto (si no lo están haciendo ya) que esa estrategia no es viable.

Frente a ello, cooperación internacional, mecanismos su­pranacionales, superación de las lógicas nacionalistas: la Unión Europea encarna y simboliza, con todas sus dificultades, los mecanismos de la nueva gobernanza que necesitamos».

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